The Stoic Handbook (Spanish)
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Introducción
El Filósofo
Todo el mundo puede llegar a ser un filósofo. Todo el mundo. Todos tenemos esa
habilidad. Hemos nacido con ella. Los seres humanos somos animales racionales
capaces de pensar y razonar, la Naturaleza nos hizo así. Lo mismo que la Naturaleza
creó a la jirafa para que pudiera llegar a lo más alto, al guepardo para que pudiera correr
más rápido y al elefante para que fuera más fuerte, igualmente creó al ser humano para
que fuera más sabio. O al menos, potencialmente.
En la antigua Grecia, cuna de la filosofía y de los filósofos, una persona era reconocida
como filósofo a partir de su modo de vida, no por sus credenciales académicas o por sus
publicaciones eruditas. La filosofía era un tema de conversación y de pensamiento muy
valorado, y aún más importante, era considerada como un ideal que abrazar y practicar.
La vida se vivía mejor en compañía de la filosofía.
Eso mismo debería y podría ser cierto hoy en día, solo que la mayoría de nosotros no se
toma la molestia. Nosotros solemos utilizar la habilidad del razonamiento cuándo nos
vemos obligados a ello, nada más. Año tras año, luchamos para conseguir nuestro
alimento y el de nuestras familias, para pagar la hipoteca, mantener el coche en marcha,
vestir ropas bonitas, y si nos sobra algo de dinero y tiempo, lo gastamos en incontables
distracciones y diversiones sin sentido que la sociedad contemporánea está encantada de
ofrecernos. Y así, mientras vamos haciéndonos mayores, no ganamos sabiduría, sólo
ganamos peso.
Siempre ha sido así para la mayoría de la gente. Aceptamos ese precioso don de una
inteligencia superior como nuestro derecho de nacimiento, que lo es, y después
gastamos esa herencia agarrando y aferrándonos a mucho más de lo que realmente
necesitamos. Al final del día, cuando la
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mente fatigada se prepara para descansar, la
dejamos evadirse viendo otro nuevo episodio de nuestro programa de televisión favorito
o aplaudiendo a algún atleta millonario para que consiga otro gol. Conseguir lo
necesario para vivir en este planeta no es difícil, pero nosotros hacemos que lo sea, y
nuestra asombrosa inteligencia se obsesiona con una vida de consumo y ajetreo sin fin.
Ésto es normal. Al menos es normal en cuanto que es común. Sin embargo, siempre ha
habido unos pocos que hacen el esfuerzo de elevarse por encima del rebaño. Ésos pocos
se sienten tan maravillados por nuestra facultad de razonamiento y la promesa de
sabiduría, que prefieren cultivar una mente noble antes que revolcarse en el lodo de la
acumulación. Son los que escogen vivir más cerca de los dioses y no como bestias en el
corral. A esta gente se les llama filósofos, amantes de la sabiduría.
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Pero tan pronto como decidimos perseguir la sabiduría, es cuando las dificultades
empiezan de verdad. Todo el mundo puede ser un filósofo. Todo el mundo puede ser
sabio. ¿Pero, cómo se logra? ¿Cuál es la mejor manera de lograr la meta más alta de la
humanidad? Desgraciadamente, encontrar un camino, y mucho menos caminar por él,
no es tan fácil. Debería serlo, pero como muchas otras cosas en nuestro mundo
contemporáneo, la búsqueda de la sabiduría se ha hecho excesivamente compleja. Si
nosotros estudiamos filosofía en la universidad estamos a merced de los profesionales,
los académicos, y por desgracia, hace ya 200 años que ellos dejaron de preocuparse por
nuestro objetivo. Si estudiamos filosofía con los teólogos surge otro problema: la Fe.
Antes o después, las religiones dan la espalda a la búsqueda de la verdad y al ejercicio
de la razón, y le piden a la mente que tenga fe. Ésto es por lo que las religiones son
también llamadas fes: Fe judía, Fe cristiana, Fe musulmana, etcétera.
Entonces, ¿Qué podemos hacer, y por qué deberíamos molestarnos? Prácticamente a
nadie le importa un comino todo ésto, por lo tanto ¿Por qué debería importarnos a
nosotros? ¿Qué promete la sabiduría que la hace tan grande, y en cualquier caso, quién
querría ser un filósofo? Suena a algo aburrido y difícil.
La Promesa
Haciendo auto-stop por las alejadas tierras de Carolinas del Sur, en 1964, no pude evitar
fijarme en las chabolas de los labradores dispuestas a lo largo de millas y millas de
viejas carreteras comarcales, que atravesaban los campos de tabaco y algodón. Las
chabolas estaban ocupadas por gente pobre y mugrienta que trabajaban como esclavos,
cien años después de la abolición, desde el amanecer hasta la puesta de sol, ganando un
salario que a duras penas era suficiente para
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mantenerse con vida. Allí no había lujos.
Los niños iban descalzos por necesidad, los zapatos sólo se ponían para acudir a la
escuela dominical, si es que se ponían alguna vez. Por cualquier parte que uno mirara
había depresión y tristeza. Bueno, casi por cualquier parte.
Cada par de millas había una chabola de labrador que era diferente. Estaba construida
igual que las demás, probablemente por el mismo albañil, pero no parecía igual que las
chabolas que tenía a los lados. El revestimiento de tablas de madera agrietadas y sucias
estaba encalado, aunque no pintado uniformemente, claro está. Eso habría resultado
demasiado caro. Se trataba de algo barato, pintura blanca mezclada con agua para que
con un solo galón se pudiera pintar toda la fachada de la casa. En las ventadas había
sacos de harina teñidos de colores brillante cortados a modo de cortinas, en vez de
periódicos descoloridos o de nada en absoluto. El patio delantero estaba ordenado y
rastrillado, y había macizos de flores plantados junto a la puerta. Y a un lado, o
asomándose a la parte de atrás, siempre había verduras creciendo en un huerto bien
cuidado.
Ésto es lo que promete la filosofía. No importa tanto tu raza o tu lugar en la sociedad,
como la responsabilidad que tú asumas por edificar y mantener un carácter noble.
Tomar lo que te ha sido dado y hacer lo que mejor puedas con ello. Incluso si has nacido
en la chabola de un labrador, tú puedes convertirla en un un hogar feliz y encantador.
Naciste con la habilidad y la posibilidad de llegar a ser grande, grande en sabiduría; y
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con independencia de todo lo demás que te suceda, hay siempre una cosa que está en tu
poder, la nobleza de tu carácter.
Séneca, el gran estoico romano, decía que sólo un tonto iría a comprar un caballo y
examinaría cuidadosamente la silla de montar y las bridas, ignorando el caballo. Lo
mismo sucede contigo. Las circunstancias que rodean tu nacimiento y tu lugar en el
mundo, son tu silla y tu equipo de montar. La nobleza de tu carácter es el caballo, lo que
realmente importa, aquello que está dentro de ti. Ésto es lo que promete la filosofía, lo
que enseña la filosofía estoica, y aquello de lo que trata El Manual Estoico.
La Tradición Estoica
El Estoicismo es una filosofía de vida. Lo que se quiere decir con ésto es que no es sólo
un conjunto de grandes pensamientos organizados en torno a una visión completa y
coherente de la realidad. Primero y principalmente, el Estoicismo es una filosofía
conforme a la la que vivir, una aplicación práctica de la la sabiduría antigua, una forma
de vida y una guía para las elecciones que uno hace en esta vida. Y además, desde sus
comienzos, el Estoicismo ha sido la única filosofía dirigida a todos los seres humanos
sin consideración de sexo, raza o clase social. Incluso las mujeres y los esclavos eran
bienvenidos para seguir este camino, eran tratados como hermanas y hermanos, algo
que entonces se consideró irrisorio por los otros filósofos que, como Aristóteles, los
clasificaban en cierta manera por encima de los animales salvajes y por debajo de los
hombres libres.
El Estoicismo está vivo. La razón por la que aún está vivo después de 2300 años es
porque es algo adaptable universalmente y porque está disponible para las personas de
cualquier color, clase o cultura. Y algo más: evoluciona. Así como la raza humana
aprende y evoluciona,
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igualmente lo hace nuestra filosofía. Evoluciona por la fuerza y
convicción de los propios estoicos. Los estoicos tienen una tradición de pensamiento
independiente, y nos gusta que sea así. Nosotros, los de la escuela estoica, no seguimos
a un tirano, como dijo Séneca.
Ésto no quiere decir que tengamos una mezcolanza ecléctica de ideas ensambladas,
tomadas de aquí y de allá. No es así. La parte central de la ortodoxia se mueve
lentamente, gélidamente, expandiéndose y refinándose con las épocas. Sus fundamentos
están seguros porque están edificados sobre el poder de una sencilla idea:
El objetivo de la vida es vivir de acuerdo a la naturaleza.
Ése es nuestro lema, vivir de acuerdo a la naturaleza, vivir en armonía con la naturaleza.
Zenón de Citio, el fundador de nuestra escuela, acuñó la frase y el concepto, pero él no
lo hizo solo. Seguía el sendero ya iniciado por dos de los mayores pensadores del
mundo occidental, Heráclito y Sócrates. Zenón es el padre de la escuela estoica, pero
Heráclito y Sócrates podrían correctamente ser llamados los abuelos. Pero antes de que
echemos un vistazo a esta gran historia, atendamos a varias de las preguntas más
frecuentes.
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La Mejor Cita
que he visto jamás,
describiendo nuestro lugar en la historia. EW
A diferencia del Epicureanismo, que rápidamente se solidificó en torno a un dogma fijo,
el Estoicismo se desarrolló y se hizo más complejo, comprensible y plausible. Forma un
sistema de doctrinas interconectadas que se confirman y apoyan entre sí. Platón,
Aristóteles y Epicuro nunca lograron tanto; y los sucesores de los estoicos tampoco
produjeron nunca nada más comprensible y sistemático en la historia de la filosofía.
Profesor Terence Irwin, Pensamiento Clásico (Oxford University Press, 1989), pág. 181.
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Preguntas Frecuentes
A continuación algunas de las preguntas que me han formulado frecuentemente o que
yo mismo me he preguntado.
P. ¿Qué es el Estoicismo?
R. El Estoicismo es una filosofía de la sabiduría. Lo que ésto quiere decir es que se trata
de una filosofía acerca de cómo vivir la vida y vivirla bien. Nuestra filosofía fue
fundada en Atenas, Grecia, alrededor de hace 2300 años, por un hombre llamado Zenón.
Después de estudiar con los Cínicos durante varios años, estudió en la Academia de
Platón, y a continuación empezó su propia escuela en el mercado central de Atenas.
Zenón comenzó su escuela frecuentando el pórtico del mercado central, hablando a todo
aquél que pasara por allí. Con el tiempo, reunió un grupo regular de hombres que
también pasaban las horas allí de pie, hablaban de filosofía con él. El pórtico se
convirtió en su escuela. La palabra griega para pórtico es stoa, y los hombres que se
reunían allí para hablar de filosofía pronto fueron conocidos como los hombres del
pórtico, los Estoicos.
Con el tiempo, el Estoicismo llegó a ser la filosofía preeminente de las antiguas Grecia
y Roma y floreció durante cerca de 500 años. Resurgió como filosofía popular en el
Renacimiento, cuando la gente regresó a la razón en vez de la fe, en la búsqueda de
respuestas sobre cómo vivir. Hoy, nuestra filosofía y aquellos que viven conforme a ella
se encuentran vivos y dispersos por todo el mundo. Búscanos en: www.newstoa.com
P. ¿Es cierto que los estoicos reprimen sus emociones y sentimientos?
R. No. Ésto no es más que un antiguo malentendido. Las emociones y los sentimientos
son normales y naturales, y a veces son incluso esenciales para nuestra supervivencia.
Hay veces en las que estar asustado y huir es la acción más inteligente.
De donde viene éste malentendido es
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de la creencia estoica de que las emociones están
basadas en juicios. Todos nosotros, incluidos los estoicos, tenemos reacciones
emocionales hacia los eventos que nos suceden, tales como la ira, la aflicción o el
miedo. Pero después de que se produce la reacción inicial instintiva, es nuestro juicio
acerca del evento, lo que inflama o enfría la emoción. Como dijo Shakespeare en
Hamlet: “No hay nada bueno ni malo, sino que el pensamiento hace que lo sea”.
Shakespeare fue un estudiante de filosofía estoica, por cierto, y usaba a menudo temas
estoicos en sus obras.
Nosotros creemos que es nuestro juicio el que hace una cosa buena o mala, no la cosa en
si misma. Si somos infelices, entonces fue algún juicio el que inflamó las emociones y
nos hizo infelices. La felicidad es el deseo de todo el mundo, y el Estoicismo trata sobre
como incrementar tu felicidad y hacer que vivas bien.
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P. ¿Qué cosas consideran los Estoicos como buenas o malas?
R. Sólo la virtud es siempre buena, y sólo la falta de virtud es siempre mala. Nosotros
no creemos que exista ningún mal en la Naturaleza, sólo en el comportamiento de los
seres humanos y ésto se produce cuando la gente deliberadamente escoge lo que es malo
para ellos mismos.
Ves, nosotros no creemos que nadie pueda hacerte daño, sino que sólo tú puedes dañarte
a ti mismo cuando escoges no vivir de acuerdo a la Naturaleza. Pero nosotros no
condenamos a otros por la ausencia de virtud, pues creemos que ellos ya se castigan a si
mismos con su propio comportamiento.
Nadie puede herirme porque sólo yo soy responsable de la nobleza de mi carácter, ése
es el ideal estoico más elevado, la nobleza de carácter. Hombres y mujeres ricos hay a
montones, pero un carácter noble es algo escaso y sin duda es lo más grande de todo. El
Estoicismo te enseña como construir ese carácter noble.
P. El lema estoico “vive conforme a la Naturaleza” suena bien, pero ¿Qué significa
exactamente?
R. Zenón, el fundador del Estoicismo fue el primero en utilizar esta frase, “vive
conforme a la Naturaleza” y lo que significa exactamente es que los estoicos miran a la
Naturaleza como a su guía en en la vida. Nosotros creemos que la Naturaleza nos
enseña todo lo que necesitamos saber acerca de como vivir bien en este mundo. Ésto es
por lo que la física estoica es tan importante. En la antigüedad la física era concebida
como filosofía natural, de modo que estudiando la naturaleza nosotros llegábamos a
conocernos a nosotros mismos y a aquéllo que nos hace felices, exitosos y sabios.
Más tarde, otro gran estoico, Panecio, extendió el lema original para que incluyera no
sólo la naturaleza en general, sino también la naturaleza del individuo. Cada uno
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de
nosotros tiene una personalidad única, que incluye talentos y capacidades diferentes, los
cuales podemos desarrollar para conseguir nuestro ideal más elevado. De modo que
vivir conforme a la Naturaleza también significa vivir de acuerdo con la propia
naturaleza de uno mismo.
Epicteto, un profesor estoico romano decía: “si has asumido cualquier carácter más allá
de tus fuerzas, te has menospreciado a ti mismo con ello y descuidado otro rol que
podrías haber llenado de éxito.” El hombre sabio vive de acuerdo tanto a la naturaleza
humana en general como a su propia naturaleza en particular.
P. ¿A los estoicos les es permitido disfrutar de placeres tales como la buena
comida, el vino, el arte, la música, hacer el amor, etcétera?
R. Sí, por supuesto. Nosotros somos panteístas. El Dios estoico está en TODAS las
cosas. Nosotros valoramos nuestra razón por encima de todo, porque ése es nuestro don
más especial otorgado por la Naturaleza, pero nuestro creador se encuentra también en
los ojos, oídos, nariz, paladar y sentido kinestésico, así como en la mente.
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P. ¿Los estoicos creen en Dios?
R. Dicho de algún modo, sí, pero no creemos en Dios de la misma manera. Todos los
estoicos somos panteístas, dado que literalmente, la Naturaleza es nuestro dios. Sin
embargo, tú puedes ser un ateo, un deista o un agnóstico y aún así puedes ser un estoico
en toda regla. La clave para saber que clase de estoico eres estriba en si crees que la
inteligencia y los procesos de la Naturaleza son conscientes o son inconscientes ¿La
Naturaleza es consciente o inconsciente? Los seres humanos han sido creados por la
Naturaleza y poseen consciencia ¿Somos los únicos o nuestro creador también es
consciente?
Los primeros estoicos creían que la Naturaleza era providencial y consciente. Éstos eran
deistas, pero cuando el Estoicismo fue adoptado en la antigua Roma, hubo unos pocos
que creyeron que la Naturaleza era inconsciente. Ésos fueron los primeros estoicos
ateos. Hoy tenemos estoicos que son deistas, ateos y agnósticos. Esta diversidad es
perfectamente aceptable. La comunidad estoica tiene una gran cabida y nosotros somos
tolerantes con las discrepancias en nuestro seno.
P. ¿Los estoicos creen en la vida después de la muerte?
R. Nosotros no creemos en ninguna respuesta segura a esta pregunta. Si buscas
certidumbre en este asunto, hay dos maneras de conseguirla. La primera manera y más
fiable que tienes es morirte, y así podrás saberlo con seguridad. La segunda manera, una
que podrías considerar menos drástica, es unirte a un grupo religioso que prometa la
vida eterna. Pero desgraciadamente, es una promesa que ellos no pueden probar. Si
tienes fe en una religión, como pueda ser la cristiana o la musulmana, entonces ellos te
dirán lo que tienes que creer sobre la vida después de la muerte. Si reclamas evidencias,
razones o pruebas, entonces no