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Thérèse d’Avila
Le Livre de la vie Chapitre 17
Chapitre 17 sur 40
Référence canonique 17
es
Razonablemente está dicho de este modo de oracion, y lo que ha de hacer el alma, ú por mejor decir, hace Dios en ella, que es el que toma ya el oficio de hortolano, y quiere que ella huelgue: solo consiente la voluntad en aquellas mercedes que goza y se ha de ofrecer á todo lo que en ella quisiere hacer la verdadera sabiduria, porque es menester ánimo cierto; porque es tanto el gozo, que parece algunas veces no queda un punto para acabar el ánima de salir de este cuerpo; ¡y qué venturosa muerte seria! Aquí me parece viene bien, como á vuesa merced se dijo, dejarse del todo en los brazos de Dios; si quiere llevarle al cielo, vaya; si al infierno, no tiene pena, como vaya con su bien; si acabar del todo la vida, eso quiere; si que viva mil años, también: haga su Majestad como cosa propia, ya no es suya el alma de sí mesmo, dada está del todo á el Señor; descúidese del todo. Digo, que en tan alta oracion como esta (que cuando la da Dios á el alma, puede hacer todo esto y mucho más, que estos son sus efetos) entiende que lo hace sin ningun cansancio del entendimiento; solo me parece está como espantado de ver cómo el Señor hace tan buen hortolano, y no quiere que tome el trabajo ninguno, sino que se deleite en comenzar á oler las flores. Que en una llegada de estas, por poco que dure, como es tal el hortolano, en fin criador del agua, dala sin medida, y lo que la pobre del alma con trabajo, por ventura de veinte años de cansar el entendimiento, no ha podido acaudalar, hácelo este hortolano celestial en un punto, y crece la fruta, y madúrala de manera, que se puede sustentar de su huerto, queriéndolo el Señor; mas no le da licencia que reparta la fruta, hasta que él está tan fuerte con lo que ha comido de ella, que no se le vaya en gastaduras y no dándole nada de provecho ni pagándosela á quien la diere, sino que los mantenga y dé de comer á su costa, y quedarse ha él por ventura muerto de hambre. Esto bien entendido va para tales entendimientos, y sabránlo aplicar, mijor que yo lo sabré decir, y cánsome.
En fin es que las virtudes quedan ahora mas fuertes que en la oracion de quietud pasada; porque se ve otra el alma, y no sabe cómo comienza á obrar grandes cosas con el olor, que dan de sí las flores, que quiere el Señor que se abran, para que ella crea que tiene virtudes, aunque ve muy bien, que no las podia ella, ni ha podido ganar en muchos años, y que en aquello poquito el celestial hortolano se las dió. Aquí es muy mayor la humildad, y mas profunda, que al alma queda, que en lo pasado; porque ve mas claro, que poco ni mucho hizo, sino consentir que le hiciese el Señor mercedes y abrazarlas la voluntad.
Paréceme este modo de oracion union muy conocida de toda el alma con Dios, sino que parece quiere su Majestad dar licencia á las potencias para que entiendan y gocen de lo mucho que obra allí. Acaece algunas, y muy muchas veces, estando unida la voluntad (para que vea vuesa merced puede ser esto, y lo entienda cuando lo tuviere; al menos á mi trájome tonta, y por eso lo digo aquí) entiéndese, que está la voluntad atada y gozando; y en mucha quietud está sola la voluntad, y está por otra parte el entendimiento y memoria tan libres, que pueden tratar en negocios y entender en obras de caridad. Esto, aunque parece todo uno, es diferente de la oracion de quietud que dije, porque allí está el alma, que no se querria bullir ni menear, gozando en aquel ocio santo de María: en esta oracion puede tambien ser Marta.
Ansí que está casi obrando juntamente en vida activa y contemplativa, y puede entender en obras de caridad y negocios, que convengan á su estado, y leer; aunque no del todo están señores de sí, y entienden bien que está la mejor parte del alma en otro cabo. Es como si estuviésemos hablando con uno, y por otra parte nos hablase otra persona, que ni bien estarémos en lo uno ni bien en lo otro. Es cosa que se siente muy claro y da mucha satisfaccion y contento cuando se tiene, y es muy gran aparejo, para que en tiniendo tiempo de soledad, ó desocupacion de negocios, venga el alma á muy sosegada quietud. Es un andar como una persona que está en sí satisfecha, que no tiene necesidad de comer, sino que siente el estómago contento, de manera, que no á todo manjar arrostraría; mas no tan harta, que si los ve buenos, deje de comer de buena gana: ansí no le satisface, ni querria entonces contento del mundo, porque en sí tiene el que le satisface mas; mayores contentos de Dios, deseos de satisfacer su deseo, de gozar mas de estar con él: esto es lo que quiere.
Hay otra manera de union, que aun no es entera union, mas es mas que la que acabo de decir; y no tanto, como la que se ha dicho de esta tercer agua. Gustará vuesa merced mucho de que el Señor se las dé todas, si no las tiene ya, de hallarlo escrito, y entender lo que es, porque una merced es, dar el Señor la merced, y otra es entender, qué merced es y qué gracia; y otra es saber decirla y dar á entender como es; y aunque no parece es menester mas de la primera, para no andar el alma confusa y medrosa, é ir con más ánimo por el camino del Señor, llevando debajo de los pies todas las cosas del mundo, es gran provecho entenderlo, y merced; porque cada una es razon alabe mucho al Señor, quien la tiene y quien no, porque la dió su Majestad á alguno de los que viven, para que nos aprovechase á nosotros. Ahora pues acaece muchas veces esta manera de union, que quiero decir (en especial á mí, que me hace Dios esta merced de esta suerte muy muchas) que coge Dios la voluntad, y aun el entendimiento, á mi parecer, porque no discurre, sino está ocupado gozando de Dios, como quien está mirando, y ve tanto, que no sabe hácia donde mirar: uno por otro se le pierde de vista, que no dará señas de cosa. La memoria queda libre y junto con la imaginacion debe ser, y ella como se ve sola, es para alabar á Dios la guerra que das y como procura desaso segarlo todo: á mí cansada me tiene, y aborrecida la tengo, y muchas veces suplico al Señor, si tanto me ha de estorbar, me la quite en estos tiempos.
Algunas veces le digo: ¿Cuándo, mi Dios, ha de estar ya toda junta mi alma en vuestra alabanza y no hecha pedazos, sin poder valerse á sí? Aquí veo el mal que nos causó el pecado, pues ansí nos sujetó á no hacer lo que queremos, de estar siempre ocupados en Dios. Digo que me acaece á veces (y hoy ha sido la una, y ansí lo tengo bien en la memoria), que veo deshacerse mi alma, por verse junta adonde está la mayor parte, y ser imposible, sino que le da tal guerra la memoria é imaginacion, que no la dejan valer; y como faltan las otras potencias, no valen, aun para hacer mal, nada. Harto hacen en desasosegar, digo para hacer mal, porque no tienen fuerza ni paran en un ser; como el entendimiento no la ayuda poco ni mucho, á lo que le representa, no para en nada, sino de uno en otro, que no parece sino de estas maripositas de las noches, importunas y desasosegadas: ansi anda de un cabo á otro. En extremo me parece le viene al propio esta comparacion, porque aunque no tiene fuerza para hacer ningun mal, importuna á los que la ven. Para esto no sé qué remedio haya, que hasta ahora no me le ha dado Dios á entender, que de buena gana le tomaria para mí, que me atormenta, como digo, muchas veces. Represéntase aquí nuestra miseria, y muy claro el gran poder de Dios; pues esta que queda suelta, tanto nos daña y nos cansa, y las otras que están con su Majestad, el descanso que nos dan.
El postrer remedio que he hallado, á cabo de haberme fatigado hartos años, es lo que dije en la oracion de quietud, que no se haga caso de ella mas que de un loco, sino dejarla con su tema, que solo Dios se la puede quitar; y en fin, aquí por esclava queda. Hémosla de sufrir con paciencia, como hizo Jacod á Lia; porque harta merced nos hace el Señor que gocemos de Raquel. Digo que queda esclava, porque en fin no puede, por mucho que haga, traer á sí las otras potencias; antes ellas sin ningun trabajo la hacen venir á sí. Algunas es Dios servido de haber lástima de verla tan perdida y desasosegada, con deseo de estar con las otras, y consiéntela su Majestad se queme en el fuego de aquella vela divina, donde las otras están ya hechas polvo, perdido su natural, casi estando sobrenaturalmente gozando de tan grandes bienes.
En todas estas maneras, que de esta postrer agua de fuente he dicho, es tan grande la gloria y descanso del alma, que muy conocidamente aquel gozo y deleite participa de el cuerpo, y esto muy conocidamente, y quedan tan crecidas las virtudes como he dicho. Parece ha querido el Señor declarar estas estados, en que se ve el alma, á mi parecer, lo mas que acá se puede dar á entender.
Trátelo vuesa merced con persona espiritual, que haya llegado aquí y tenga letras: si le dijere que está bien, crea que se lo ha dicho Dios, y téngalo en mucho su Majestad; porque, como he dicho, andando el tiempo se holgará mucho de entender lo que es; mientras no le diere la gracia (aunque se la dé de gozarlo) para entenderlo, como le haya dado su Majestad la primera, con su entendimiento y letras lo entenderá por aquí. Sea alabado por todos los siglos de los siglos, por todo, amen.
Anglais
David Lewis
1. Enough has been said of this manner of prayer, and of what the
soul has to do, or rather, to speak more correctly, of what God
is doing within it; for it is He who now takes upon Himself the
gardener's work, and who will have the soul take its ease; except
that the will is consenting to the graces, the fruition of which
it has, and that it must resign itself to all that the True
Wisdom would accomplish in it--for which it is certain it has
need of courage; because the joy is so great, that the soul seems
now and then to be on the very point of going forth out of the
body: and what a blessed death that would be! Now, I think it is
for the soul's good--as you, my father, have been told--to
abandon itself into the arms of God altogether; if He will take
it to heaven, let it go; if to hell, no matter, as it is going
thither with its sovereign Good. If life is to come to an end
for ever, so it wills; if it is to last a thousand years, it
wills that also: His Majesty may do with it as with His own
property,--the soul no longer belongs to itself, it has been
given wholly to our Lord; let it cast all care utterly away.
2. My meaning is that, in a state of prayer, so high as this, the
soul understands that God is doing His work without any fatiguing
of the understanding, except that, as it seems to me, it is as if
amazed in beholding our Lord taking upon Himself the work of the
good gardener, refusing to let the soul undergo any labour
whatever, but that of taking its pleasure in the flowers
beginning to send forth their fragrance; for when God raises a
soul up to this state, it can do all this, and much more,--for
these are the effects of it.
3. In one of these visits, how brief soever it may be, the
Gardener, being who He is,--in a word, the Creator of the
water,--pours the water without stint; and what the poor soul,
with the labour, perhaps, of twenty years in fatiguing the
understanding, could not bring about, that the heavenly Gardener
accomplishes in an instant, causing the fruit both to grow and
ripen; so that the soul, such being the will of our Lord, may
derive its sustenance from its garden. But He allows it not to
divide the fruit with others, until by eating thereof, it is
strong enough not to waste it in the mere tasting of it,--giving
to Him none of the produce, nor making any compensation for it to
Him who supplies it,--lest it should be maintaining others,
feeding them at its own cost, and itself perhaps dying of
hunger. The meaning of this is perfectly clear for those who
have understanding enough to apply it--much more clear than I can
make it; and I am tired.
4. Finally, the virtues are now stronger than they were during
the preceding prayer of quiet; for the soul sees itself to be
other than it was, and it knows not how it is beginning to do
great things in the odour which the flowers send forth; it being
our Lord's will that the flowers should open, in order that the
soul may believe itself to be in possession of virtue; though it
sees most clearly that it cannot, and never could, acquire them
in many years, and that the heavenly Gardener has given them to
it in that instant. Now, too, the humility of the soul is much
greater and deeper than it was before; because it sees more
clearly that it did neither much nor little, beyond giving its
consent that our Lord might work those graces in it, and then
accepting them willingly.
5. This state of prayer seems to me to be a most distinct union
of the whole soul with God, but for this, that His Majesty
appears to give the faculties leave to be intent upon, and have
the fruition of, the great work He is doing then. It happens at
times, and indeed very often, that, the will being in union, the
soul should be aware of it, and see that the will is a captive
and in joy, that the will alone is abiding in great
peace,--while, on the other hand, the understanding and the
memory are so free, that they can be employed in affairs and be
occupied in works of charity. I say this, that you, my father,
may see it is so, and understand the matter when it shall happen
to yourself; at least, it carried me out of myself, and that is
the reason why I speak of it here.
6. It differs from the prayer of quiet, of which I have
spoken, though it does seem as if it were all one with it.
In that prayer, the soul, which would willingly neither stir nor
move, is delighting in the holy repose of Mary; but in this
prayer it can be like Martha also. Accordingly, the soul is,
as it were, living the active and contemplative life at once, and
is able to apply itself to works of charity and the affairs of
its state, and to spiritual reading. Still, those who arrive at
this state, are not wholly masters of themselves, and are well
aware that the better part of the soul is elsewhere. It is as if
we were speaking to one person, and another speaking to us at the
same time, while we ourselves are not perfectly attentive either
to the one or the other. It is a state that is most easily
ascertained, and one, when attained to, that ministers great joy
and contentment, and that prepares the soul in the highest
degree, by observing times of solitude, or of freedom from
business, for the attainment of the most tranquil quietude.
It is like the life of a man who is full, requiring no food, with
his appetite satisfied, so that he will not eat of everything set
before him, yet not so full either as to refuse to eat if he saw
any desirable food. So the soul has no satisfaction in the
world, and seeks no pleasure in it then; because it has in itself
that which gives it a greater satisfaction, greater joys in God,
longings for the satisfaction of its longing to have a deeper joy
in being with Him--this is what the soul seeks.
7. There is another kind of union, which, though not a perfect
union, is yet more so than the one of which I have just spoken;
but not so much so as this spoken of as the third water. You, my
father, will be delighted greatly if our Lord should bestow them
all upon you, if you have them not already, to find an account of
the matter in writing, and to understand it; for it is one grace
that our Lord gives grace; and it is another grace to understand
what grace and what gift it is; and it is another and further
grace to have the power to describe and explain it to others.
Though it does not seem that more than the first of these--the
giving of the grace--is necessary to enable the soul to advance
without confusion and fear, and to walk with the greater courage
in the way of our Lord, trampling under foot all the things of
this world, it is a great advantage and a great grace to
understand it; for every one who has it has great reason to
praise our Lord; and so, also, has he who has it not: because His
Majesty has bestowed it upon some person living who is to make us
profit by it.
8. This union, of which I would now speak, frequently occurs,
particularly to myself. God has very often bestowed such a grace
upon me, whereby He constrains the will, and even the
understanding, as it seems to me, seeing that it makes no
reflections, but is occupied in the fruition of God: like a
person who looks on, and sees so many things, that he knows not
where to look--one object puts another out of sight, and none of
them leaves any impression behind.
9. The memory remains free, and it must be so, together with the
imagination; and so, when it finds itself alone, it is marvellous
to behold what war it makes on the soul, and how it labours to
throw everything into disorder. As for me, I am wearied by it,
and I hate it; and very often do I implore our Lord to deprive me
of it on these occasions, if I am to be so much troubled by it.
Now and then, I say to Him: O my God, when shall my soul praise
Thee without distraction, not dissipated in this way, unable to
control itself! I understand now the mischief that sin has done,
in that it has rendered us unable to do what we desire--to be
always occupied in God.
10. I say that it happens to me from time to time,--it has done
so this very day, and so I remember it well,--to see my soul tear
itself, in order to find itself there where the greater part of
it is, and to see, at the same time, that it is impossible:
because the memory and the imagination assail it with such force,
that it cannot prevail against them; yet, as the other faculties
give them no assistance, they are not able to do it any
harm--none whatever; they do enough when they trouble its rest.
When I say they do no harm, my meaning is, that they cannot
really hurt it, because they have not strength enough, and
because they are too discursive. As the understanding gives no
help, neither much nor little, in the matters put before the
soul, they never rest anywhere, but hurry to and fro, like
nothing else but gnats at night, troublesome and unquiet: and so
they go about from one subject to another.
11. This comparison seems to me to be singularly to the purpose;
for the memory and the imagination, though they have no power to
do any harm, are very troublesome. I know of no remedy for it;
and, hitherto, God has told me of none. If He had, most gladly
would I make use of it; for I am, as I say, tormented very often.
This shows our wretchedness and brings out most distinctly the
great power of God, seeing that the faculty which is free hurts
and wearies us so much; while the others, occupied with His
Majesty, give us rest.
12. The only remedy I have found, after many years of weariness,
is that I spoke of when I was describing the prayer of quiet:
to make no more account of it than of a madman, but let it go
with its subject; for God alone can take it from it,--in short,
it is a slave here. We must bear patiently with it, as Jacob
bore with Lia; for our Lord showeth us mercy enough when we are
allowed to have Rachel with us.
13. I say that it remains a slave; for, after all, let it do what
it will, it cannot drag the other faculties in its train; on the
contrary, they, without taking any trouble, compel it to follow
after them. Sometimes God is pleased to take pity on it, when He
sees it so lost and so unquiet, through the longing it has to be
united with the other faculties, and His Majesty consents to its
burning itself in the flame of that divine candle by which the
others are already reduced to ashes, and their nature lost,
being, as it were, supernaturally in the fruition of blessings
so great.
14. In all these states of prayer of which I have spoken, while
explaining this last method of drawing the water out of the well,
so great is the bliss and repose of the soul, that even the body
most distinctly shares in its joy and delight,--and this is most
plain; and the virtues continue to grow, as I said before.
It seems to have been the good pleasure of our Lord to explain
these states of prayer, wherein the soul finds itself, with the
utmost clearness possible, I think, here on earth.
15. Do you, my father, discuss it with any spiritual person who
has arrived at this state, and is learned. If he says of it, it
is well, you may believe that God has spoken it, and you will
give thanks to His Majesty; for, as I said just now, in the
course of time you will rejoice greatly in that you have
understood it. Meanwhile, if He does not allow you to understand
what it is, though He does give you the possession of it, yet,
with your intellect and learning, seeing that His Majesty has
given you the first, you will know what it is, by the help of
what I have written here. Unto Him be praise for ever and
ever! Amen.
Français
Arnauld d’Andilly
DE L'ORAISON D'UNION (suite).
Je crois avoir suffisamment parlé de l'oraison d'union, qui, dans
la comparaison dont je me suis servie, est la troisième manière dont
on tire de l'eau pour arroser ce jardin spirituel ; et j'ai fait, voir ce que
l’âme y doit faire, ou pour mieux, dire, ce que Dieu, qui fait alors
l'office de jardinier, opère en elle ; car il la laisse dans une pleine
joie, et ne lui demande autre chose, sinon que sa volonté jouisse aveu
plaisir des faveurs qu'il lui communique, et qu'elle se soumette à tout
ce qu'il lui plaira d'ordonner d'elle : en quoi elle n'a pas besoin de peu
de résolution, parce que l'excès de son contentement est quelquefois
Ici, qu'elle se croit toute prête à se séparer de son corps : et quelle
mort pourrait être plus heureuse !
Il me paraît, mon Père, comme je l'ai déjà dit, que ce que l'âme
peut faire de mieux en cet état, est de s'abandonner entièrement à
Dieu. S'il veut l'enlever au ciel, qu'elle y aille ; s'il veut la mener en
enfer, qu'elle s'y résolve sans s'en mettre en peine, puisqu'elle ne fait
que le suivre, et qu'il est tout son bonheur ; s'il veut qu'elle vive
encore mille années, qu'elle y consente ; et enfin qu'elle se remette
absolument à sa divine majesté, pour disposer d'elle comme d'une
chose qui lui appartient par le don qu'elle lui a fait, sans réserve, de
tout ce qu'elle est, ci sans s'informer de la manière dont il lui plaira
d'en ordonner.
Dans cette oraison si élevée, qui est un effet de la puissance de
Dieu, a qui des choses encore plus difficiles sont faciles,
l'entendement ne travaille point, et il me paraît qu'il s'étonne
seulement de voir que ce céleste jardinier ne demande autre chose de
lui, sinon qu'il se réjouisse du plaisir qu'il reçoit de commencer à
sentir l'odeur des fleurs. Lorsque cet admirable jardinier arrose l'âme
de. cette eau dont il est le créateur, encore que cela dure peu, il lui en
donne en si grande abondance, qu'elle acquiert en un moment ce
qu'elle n'avait pu obtenir par tous les efforts de son esprit, durant
vingt années de travail, et elle voit aussitôt grossir et mûrir les fruits,
en sorte qu'elle peut en manger ; mais ce divin jardinier ne lui permet
pas d'en faire part à personne, jusqu'à ce que la nourriture qu'elle en
tire l'ait tellement fortifiée, qu'elle le puisse faire sans se faire tort et
sans se mettre en hasard de mourir de faim, comme il arriverait si, au
lieu de s'occuper à rendre grâce à celui à qui elle a été obligée d'une
si grande faveur, et à en faire son profit, elle consommait inutilement
ces fruits, par le désir d'en faire goûter aux autres. Ceux qui ont
connaissance de ce que je dis pourront mieux l'expliquer que moi, et
je sens que mon esprit se lasse.
Comme, lorsque l'on est arrivé à cette oraison d'union, les
vertus sont beaucoup plus fortes que dans celles de quiétude, l'âme
ne saurait l'ignorer, parce qu'elle se sent tout autre qu'elle n'était, et
qu'elle admire comment elle peut opérer de grandes choses, par la
vigueur que lui donne l'odeur des fleurs que notre Seigneur veut qui
s'ouvrent, afin de lui faire connaître les vertus qu'elle possède ; mais
elle voit clairement en même temps qu'elle a travaillé en vain durant
plusieurs années pour les acquérir, et que c'est cet admirable jardinier
qui l'en i enrichi en une moment. Cette connaissance la fait entrer
dans une humilité encore plus profonde que celle qu'elle avait
auparavant, parce qu'elle voit clairement que la seule chose qu'elle a
faite a été de donner un consentement à ce que Notre-Seigneur
voulait accomplir en elle, et de recevoir avec joie les grâces dont il l'a
favorisée. Cette manière d'c-raison est, à mon avis, une union
manifeste de l'âme avec Dieu, dans laquelle il me semble qu'il permet
que ces trois puissances de notre âme, l'entendement, la mémoire et
la volonté, connaissent ce qu'il opère en elles, et s'en réjouissent.
Comme il pourra, mon Père, vous arriver la même chose que j'ai
souvent éprouvée, et qui m'a donné tant d'étonnement, je me crois
obligée de vous la dire. On sent que la volonté est comme liée, et
jouit d'une grande joie et d'un grand repos, dans le même temps que
l'entendement et la mémoire sont si libres, qu'ils peuvent traiter
d'affaires, et s'occuper à des œuvres de charité.
Or, quoiqu'il semble que ceci soit la même chose que ce que
j'ai dit arriver dans l'oraison de quiétude, il y a de la différence parce
que, dans l'oraison de quiétude, l'âme demeure dans ce saint repos
dont jouissait Madeleine, sans oser se remuer ; au lieu que,dans
l'oraison d'union, elle se trouve capable de travailler comme Marthe.
Ainsi l'on peut dire qu'elle est presque tout ensemble dans la vie
active et la vie contemplative, et qu'elle peut s'appliquer à des œuvres
de charité, et des affaires conformes à sa profession, et à la lecture,
quoiqu'elle sente bien qu'elle ne saurait disposer absolument d'ellemême, parce que sa volonté, qui est sa principale partie, est tout
occupée ailleurs. C'est comme si, parlant à quelqu'un lorsqu'un autre
nous parle en même temps, notre attention était partagée, et l'on
connaît avec beaucoup de satisfaction que l'on est ainsi : c'est une
préparation à jouir d'une très-grande tranquillité, quand, après s'être
dégagé de l'occupation des affaires, on se trouve dans la retraite et
dans la solitude ; c'est de même que, si une personne qui, n'ayant
point de faim, et ne se souciant point de manger, ne laisserait pas de
manger quelque chose avec appétit si elle la trouve à sou goût. Ainsi
l'âme ne voudrait pas alors se rassasier des contentements du monde,
parce que celui dont elle jouit la satisfait beaucoup plus ; mais elle
est prêts de recevoir avec joie celui de plaire à Dieu encore
davantage, de se conformer à sa volonté, et de posséder le bonheur
d'être avec lui.
Il y a une autre sorte d'union qui, encore qu'elle ne soit pas
entière et parfaite, est plus grande que celle que je viens d'expliquer ;
mais elle ne l'est pas tant que celle de cette troisième eau dont j'ai
parlé. Je prie Dieu, mon Père, de vous les donner toutes si vous ne les
avez déjà ; et je ne doute point que vous ne soyez bien aise de me la
voir expliquer ici, parce que c'est une nouvelle grâce que nous
recevons de Dieu que de comprendre celle qu'il nous fait, et de
pouvoir la faire comprendre aux autres. Or, bien qu'il semble que la
première suffise pour bannir de l'âme le trouble et la crainte, et la
faire marcher courageusement dans le chemin du ciel, en lui donnant
du mépris de toutes les choses de la terre, cette autre grâce qui lui fait
comprendre quel est son bonheur est si avantageuse, que celui qui la
reçoit ne saurait trop en remercier Notre-Seigneur ; et celui qui ne l'a
pas, trop le louer de l'avoir donnée à d'autres, qui peuvent par ce
moyen lui profiter.
Dieu me favorise souvent de cette sorte d'union dans laquelle
il, recueille la volonté ainsi que l'entendement, ce me semble, parce
qu'il ne discourt point, mais s'occupe seulement à jouir du bonheur de
sa présence, et entre dans une telle admiration de tant de merveilles,
qu'il voit que, l'une lui faisant oublier l'autre, il ne sait à laquelle
s'attacher.
Quant à la mémoire, elle demeure libre, et l'imagination aussi,
à mon avis ; et lorsqu'elle se trouve seule, on ne saurait croire quelle
guerre elle fait à la volonté et à l'entendement, pour tâcher de les
troubler. Elle me fatigue de telle sorte, m'irrite, tellement contre elle,
que je demande souvent à Dieu de m'en priver alors entièrement, si
elle continue à me causer de la distraction, et quelquefois je lui dis :
Quand sera-ce, Seigneur, que les puissances de mon âme ne seront
plus ainsi partagées, mais se réuniront pour ne s'occuper que de vos
louanges ? Ceci me fait voir quel est le mal que nous a causé le
péché, puisque c'est lui qui nous empêche de faire ce que nous
voudrions, et de n'avoir point d'autres pensées que de plaire à Dieu.
Je dis que cela m'arrive quelquefois, et je l'ai éprouvé encore
aujourd'hui, ayant employé tous mes efforts pour faire que ma
mémoire et mon imagination se réunissent avec mon entendement et
ma volonté, sans qu'il m'ait été possible d'en venir à bout. Elles ne
leur font néanmoins autre mal que de les troubler, à cause que,
l'entendement ne considérant point ce que la mémoire lui représente,
elle ne peut s'arrêter à rien, mais passe d'un objet à un autre, et
demeure ainsi toujours errante et vagabonde comme ces papillons qui
volent la nuit ; ce qui est une comparaison qui me paraît assez
propre, parce qu'encore que ces petits animaux soient incapables de
faire du mal, ils ne laissent pas d'être importuns. À cela je ne sais
point de remède, et si Dieu m'avait fait connaître qu'il y en eût, je
m'en serais servi avec grand plaisir, tant je m'en trouve souvent
importunée. On peut voir par-là notre misère et la puissance de Dieu,
puisque cette mémoire qui demeure libre, nous lasse et nous
tourmente si fort ; et qu'au contraire l'entendement et la volonté
jouissent d'un si grand repos, parce qu'ils sont unis à Dieu.
Le seul soulagement que j'ai trouvé, après en avoir cherché
durant tant d'années, est celui dont j'ai parlé dans l'oraison de
quiétude, de considérer la mémoire comme une extravagante et une
folle, dont Dieu seul peut arrêter les égarements, et l'enchaîner. Il
faut que nous la souffrions avec patience, de même que Jacob
souffrait Lia, et nous contenter de la grâce que Notre-Seigneur nous
fait de posséder Rachel. Je dis qu'il enchaîne la mémoire et la traite
comme une esclave, parce que, quelques efforts qu'elle fasse, elle ne
saurait tirera elle l'entendement et la volonté ; au lieu qu'ils peuvent
souvent, sans grand travail, l'attirer à eux ; car il arrive quelquefois
que Dieu, ayant compassion de cet égarement, de ses inquiétudes et
du désir quelle a de se réunir avec les autres puissances, permet
qu'elle se vienne brûler à ce divin feu, qui a déjà tellement consumé
les autres, qu'il leur a comme fait changer de nature pour les rendre
capables de jouir de ce bonheur surnaturel, dont il les favorise alors
par une grâce si extraordinaire.
La joie et la gloire dont l'âme jouit dans les diverses manières
dont elle tire de l'eau de cette divine source, est si grande qu'elle
rejaillit sur le corps ; on connaît évidemment qu'il y participe, que les
vertus croissent et s'augmentent comme je l'ai dit, et il semble que
Dieu veut par-là faire connaître, le plus, clairement qu'on le peut en
cette vie, les divers états où l'âme se trouve. Vous pourrez, mon Père,
en communiquer avec des personnes spirituelles et savantes qui sont
arrivées jusqu'à ce degré d'oraison ; et si elles l'approuvent, vous
aurez sujet de croire que cette connaissance vient de Dieu, et de l'en
remercier beaucoup, à cause qu'il pourra, comme je l'ai dit, vous
donner avec le temps la joie de la comprendre, et d'avoir cependant
celle de savoir qu'il l'a accordée à un autre, et que la lumière de votre
esprit et de votre science pourront vous faire juger, par ce que je vous
eu ai rapporté, combien grande est cette faveur. Qu'il soit béni et loué
aux siècles des siècles ! Ainsi soit-il.
Concepts de ce passage
Humanité du Christ dans l’oraison
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Détermination résolue
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Discernement de l’expérience rapportée
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Humilité
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Oraison comme amitié
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Prière
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Expérience mystique rapportée
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Service
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